Ecolodge de madera de IX Cacao con deck sobre el bosque al atardecer

Hay una pregunta que nos hacen seguido: ¿por qué una finca colombiana de cacao lleva el nombre de una diosa maya?

La respuesta corta es que el cacao llegó primero allá. La larga es más interesante.

La Mujer del Cacao

En la cosmovisión maya, el cacao no era alimento. Era un regalo sagrado, una medicina espiritual, un canal de conexión con la tierra y los astros. En el centro de esa tradición está Ix Cacao, también llamada la Mujer del Cacao o la Señora del Corazón Dulce: diosa de la fertilidad y la abundancia.

Según el saber ancestral, fue ella quien enseñó a los pueblos a cultivar el cacao y a honrarlo. Los mayas no lo bebían para calmar la sed: lo tomaban en ceremonias, antes de la siembra, en nacimientos y bodas. Preparado con especias, flores y cantos. Era tan valioso que se usaba como moneda.

Una aclaración que nos importa

Ix Cacao es una deidad maya, no antioqueña, y no pretendemos que lo sea. Nuestro nombre es un homenaje explícito al pueblo que primero entendió qué era este fruto, siglos antes de que llegara a esta montaña. Lo tomamos con respeto y con conciencia de su origen.

Qué significa acá descanso de lujo

En hotelería, lujo suele significar acumulación: más canales, más amenidades, más servicios. Aquí significa lo contrario.

Nuestros ecolodges son de madera, tienen baño privado con agua caliente, altillo para los niños y un deck propio orientado al bosque. Se levantaron sin talar un árbol y ninguno se ve desde el otro. Eso es todo. Y resulta que eso es bastante.

El lujo real de este lugar es más difícil de listar en una ficha técnica: son horas seguidas sin un solo motor de fondo. Una noche en la que lo único que suena es el río. Un amanecer con niebla subiendo entre los cacaotales, visto desde la cama sin tener que levantarse.

Cuando el silencio es tan denso que se nota, uno entiende cuánto ruido cargaba.

La ceremonia del cacao

En el deck que mira al bosque preparamos cacao puro de la finca y lo compartimos en círculo. No hay guion ni espectáculo: hay una bebida caliente, un grupo pequeño y tiempo suficiente para no tener prisa.

La hacemos al amanecer o al final de la tarde, que es cuando el bosque cambia de sonido. Es la actividad que más gente nos pide repetir.

Una finca antes que un hotel

Esto sigue siendo una finca de cacao. El cultivo no es decorado: se cosecha, se fermenta y se seca aquí, a metros de donde duermen nuestros huéspedes. Si quieres ver ese proceso en detalle, lo explicamos en Del árbol a la taza.

Esa es la diferencia con un hotel construido en medio del campo. Aquí el bosque llegó primero, después el cacao, y al final nosotros. Recibir visitantes fue la forma que encontramos de financiar la conservación de treinta hectáreas que, bajo cualquier otro uso del suelo, ya no existirían.

Para quién es este lugar

  • Parejas que quieren tres días sin ver a nadie más.
  • Familias con niños que necesitan espacio y agua cerca.
  • Quien viene por el cacao y quiere ver el cultivo, no solo el producto.
  • Quien lleva demasiado tiempo sin escuchar silencio de verdad.

Y probablemente no sea el lugar para quien busca vida nocturna, spa con carta de tratamientos o televisión en la habitación. Eso también conviene decirlo.

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