Cañón verde del río San Carlos visto desde altura, Antioquia

A dos horas y media de Medellín, a 141 kilómetros, en la zona de embalses del Oriente Antioqueño, hay un municipio que casi nadie menciona cuando se habla de los pueblos bonitos de Antioquia. No aparece en las listas junto a Guatapé o Jardín. Y sin embargo, quien llega una vez suele volver.

Un territorio hecho de agua

San Carlos tiene 76 quebradas y seis ríos: el Nare, el Samaná Norte, el Guatapé, el Calderas, el San Miguel y el San Carlos, que le da nombre al municipio y bordea nuestra finca. En sus 702 kilómetros cuadrados hay cascadas de hasta setenta metros, charcos de agua transparente y cañones que se recorren con cuerda.

Esa riqueza hídrica no es solo paisaje. Los embalses de Punchiná, Playas y Calderas generan cerca de una quinta parte de la electricidad de todo el país. De ahí el apodo de Capital Hidroeléctrica de Colombia. El otro apodo, el que usan los sancarlitanos, es más bonito: la Costica Dulce del Oriente Antioqueño.

El clima que se agradece

El promedio ronda los 23 grados y al mediodía puede llegar a 28. Es el calor de la parte baja de los Andes: constante, pero sin sofocar. Lo suficiente para que un charco de agua fría se sienta como un regalo y para que la noche pida cobija.

Esa combinación —calor de día, fresco de noche, agua por todas partes— es la razón de que aquí crezca el cacao. Necesita sombra, humedad y temperatura estable. San Carlos se lo da todo.

El pueblo que volvió

Hay una parte de esta historia que no se puede saltar, porque explica todo lo demás.

Entre mediados de los noventa y comienzos de los dos mil, San Carlos fue uno de los municipios más golpeados del conflicto armado colombiano. Cerca de veinte mil personas abandonaron sus tierras. El pueblo llegó a estar prácticamente vacío. Las paredes se usaban para escribir amenazas.

Y luego la gente volvió. El retorno de San Carlos es uno de los procesos de reconstrucción comunitaria más reconocidos del país: en 2011 el municipio recibió el Premio Nacional de Paz.

Memoria a todo color

Cuando los sancarlitanos regresaron, un artista local llamado José López Rincón —Joselo, para todo el mundo aquí— propuso algo sencillo: pintar. Si las paredes habían servido para amenazar, servirían también para contar otra cosa.

Así nació Memoria a Todo Color, el proyecto que lidera con el Colectivo San Carlos. Hoy hay más de doscientos cincuenta murales repartidos por las fachadas del pueblo. Cuentan los orígenes indígenas del territorio, la vida campesina, la fauna de la región, el retorno, las mujeres que sostuvieron la comunidad.

El primero se pintó en un edificio que la gente llamaba la casa del terror. Hoy ese mismo lugar funciona como centro de reconciliación y en sus muros hay una abuela bordando la bandera de San Carlos.

Caminar San Carlos es leer una historia escrita en las paredes por quienes la vivieron.

Qué encuentras hoy

  • Un parque principal donde la gente se sienta a ver pasar la tarde, con kioscos alrededor.
  • Decenas de charcos y cascadas, muchos a menos de veinte minutos a pie desde un parqueadero.
  • Operadores locales de torrentismo, rápel y canyoning con rutas para todos los niveles.
  • Senderos de avistamiento de aves con plataformas naturales de observación.
  • Un recorrido de murales que se puede hacer en un par de horas, mejor con guía local.

Si quieres el detalle de cada plan, lo contamos en 8 cosas por hacer en San Carlos.

Por qué estamos aquí

IX Cacao existe en San Carlos por las mismas razones que lo hacen un buen destino: el agua, el bosque y el clima. Pero nos quedamos por una razón adicional.

Un territorio que se reconstruyó merece un turismo que lo cuide, que contrate local y que no lo convierta en escenografía. Eso es lo que intentamos hacer con nuestras treinta hectáreas de bosque y cacao.

Conoce los ecolodges →

1 comment on “San Carlos, Antioquia: el pueblo de agua y murales del Oriente”

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